
Por los largos tiempos de servicio, las tuberías acumulan defectos físicos y estructurales, lo que puede provocar la contaminación de las aguas, y peor aún, la aparición de potenciales fisuras o separación de juntas. Estas generan una pérdida volumétrica irrecuperable de agua y contaminación de la misma, ocasionando incremento en el presupuesto para la posterior reparación de la tubería.